domingo, 26 de septiembre de 2021

 Nada me pertenece, ni podría pertenecerme. La relación de pertenencia en tanto propiedad solo anula la vida. Y no quiero sembrar muerte. La propiedad es un monstruo de entropia, como el capital, el mercado financiero y las grandes empresas de las TICs. Producir información, maximizar la exportación de entropia, desgastar el mundo ¿Cuántos joulios cuesta sostener este perfil de Facebook? Nadie sabe para quién camella, ni para quién van sus datos.

Nada me pertenece. Vivo, eso es lo fundamental. Luego, sólo ocupo. Solo okupo, territorios. Solo okupo, objetos. Solo okupa, casas. Solo okupa, el espacio público. Solo okupa, el campus, la academia, el semillero caduco, el Freud. Okupa.
Y que no vengan luego a reclamarnos por okupar bajo el pretexto de la crítica a la informalidad, lo clandestino y lo ilegal. Ya todes lo sabemos: para el Estado hay informalidades, clandestinidades e ilegalidades más aceptables que otras.

Pensamientos incómodos.


El poder y el erotismo son indisolubles. Entre muchas razones, porq una de las reacciones que podemos tener cuando ejercen sobre nosotres cierto tipo de poder es el deseo, la búsqueda de placer. Me parece que por ahí va el asunto de "dejarse seducir". No es necesaria una "seducción del fascismo a las masas", así de forma general, solo se necesita apelar justo a esa instancia de seducción más óptima, en la que l'agente por sí misme empieza a incorporar dicha relación, deseando activamente esa sumisión, siendo co-productore de la escenificacion político-erótica. El deseo es una de las monedas de cambio del poder. 


El BDSM parece un laboratorio de exploración de las experiencias de erotismo-poder. Siempre suponen un juego con la seducción óptima (minimizar la inversión), una tensión moral (porq sin moral, sin Ley, no hay poder ni autoridad), y un flujo novedoso de deseo que puede o no, replicar formas conservadoras de desear. 


La heterosexualidad monogama, en cambio, mantiene intacta la estructura de flujo del deseo y la explota al tope. Ser monogame es aprender a desear la prisión, el castigo, la vigilancia y el aislamiento: la familia.  Es defender, sin darse cuenta, la legislación sobre los cuerpos, con fines (re)productivos. La instauración de categorías fijas que optimicen la dupla seducción-deseo. Hay una economía del deseo y un deseo económico.

sábado, 25 de septiembre de 2021

Sí, es vértigo


Claro, lo confieso. La vida me da vértigo, quizá unas dos o tres veces a la semana. Los síntomas son... tú sabes... Los de siempre. Por ejemplo, a veces me despierto así de la nada, de golpe, como buscando una bocanada de aire en medio de la pesadilla. Y las pesadillas siempre asfixian. Entonces me doy cuenta ¿Qué significa que se oiga tu voz? A veces siento que no se me comprende y pienso que existen relatos culturales que hacen contrapeso a esa intuición - ni tu ni nadie nadie nadie me ha querido... tal como soy-. 

Los sistemas sociales se conectan con palabras. Habitamos un tejido simbólico multiforme, multidimensional. Es algo aléfico, spinoziano. De alguna manera la realidad es ese gran retículo de información, materia y energía. También los sistemas sociales tienen sus nodos excitatorios -las bibliotecas, los lugares sagrados- y sus nodos inhibitorios -la cárcel, la escuela-. Es esa idea reciclada de la noósfera. Pero en todo caso, me da vértigo. 

Yo lanzo un mensaje en el que creo, como quien riega la lluvia desde algún cielo, para sembrar el camino y andarlo. Me digo anarkiste relacional, pero soy une romántique. Creo en la comprensión, en el éxtasis de lo místico, en las caricias de la música. Pero el lenguaje es equívoco. Porque hay entropía y evolución. El mundo es equívoco, siempre que alguien le interprete. Creo que ahí está el trasfondo de todo: el eterno retorno no es tanto una cosa de vivir siempre la misma vida en términos físicos, como de vivir constantemente la misma vida narrativa. Ese tema que varía, como un círculo que deviene espiral al fracturarse con una tercera dimensión. Siempre repito mis dramas, pero siempre los repito de forma diferente. Y ese es mi eterno retorno: afinar la cuerda y llegar al virtuosismo. Ofrecer la mejor obra. Tejer mi yo con los hilos de las moiras. Así entiendo yo el afirmar la vida: vivir siempre mi historia, o más bien, la historia a la que pertenezco. Realmente nada me pertenece, salvo mi propio cuerpo -aunque incluso este, de alguna manera, reclama su autonomía con el cansancio, la vejez, la pereza, la gula. 

Entender el destino como los márgenes que me ofrece de libertad ese retículo enorme al que pertenezco. Y ese retornar, esa multiplicación infinitesimal de posibles trayectorias -cloto, láquesis, átropos-, lo múltiple aquí en lo uno: miríada de haces lumínicos a través del prisma. Y ahí, entre las diversas longitudes de onda, me disipo entre gradientes de posibles yoes. Me despliego, me fugo entre los márgenes, diverjo al infinito, tangencial a mi pasado y paralelo a mi futuro. 

Pero me da vértigo, lo confieso. Me pasa unas tres veces por semana. A veces me despierto de sueños floridos y recuerdo el peso de la vida. A veces me levanta el sudor y el olor a la colilla de cigarrillo que quedó tirada, justo al lado de la cama. Y entonces nada importa, momentáneamente. Llego a casi no decir nada. Quisiera decirlo todo y, al terminar el texto, no decir nada. Como el vértigo, que es a lo que sabe el desajuste. Al borde, siempre al borde. Siempre en fuga. Todo lo que he escrito ha sido siempre lo mismo. O sea, nada. 

jueves, 2 de septiembre de 2021

Oda al Caos

 Señora de la destrucción, del cambio perpetuo y la creación siempre inacabada. En tus torbellinos demenciales sumerjo estas palabras.


A ti agradezco la furia, el derrumbe y la rumba. A ti agradezco la vida, la muerte y la penumbra. A ti agradezco los ineludibles y constantes funerales a los que asisto de mí misme.


Señora de la fuga, del escape y del calor. Purifica mi tedio con tu fuego eterno, eleva la coincidencia al nivel del destino, amplifica mis impulsos hasta que mi cuerpo resonante se quiebre


Desmembra mi alma y reordena sus pedazos, consume mis cadáveres y siembra un árbol, Invita una bandada de pájaros que migren y fluyan, como un solo cuerpo con cada paso.


Nada muere eternamente en tu presencia. Alejanos del dios cristiano y sus falsas promesas de felicidad eterna. Reivindico hoy el valor de lo intrascendente, de lo simple y lo complejo, de lo finito y lo mortal.


Señora de la creación, del cambio perpetuoY la destrucción siempre inacabada. Convidame el vino de tu seno y el ritmo de tus caderas, quiero bailar al filo de tu cuerpo.